NANA DE LA LUNA


viernes, 16 de julio de 2010

Poema a los niños de Fausto Vonbonek

fotografía tomada de http://coordinabs.wordpress.com/category/para-los-ninos/


Mi niño,

gota intacta de azúcar en sueño,

he cruzado el umbral donde el ángel

resguarda tu frente ya en calma.

Tú eres el trigo que nutre mi dicha,

la nata del juego, la miel de inocencia.

Es tu ropaje un juguete de paz que

dispara sonrisas.

Beso tu frente y altero el respiro en que

crecen tus sueños. Quiero sembrar una

gota de luz en tus párpados quietos, sí,

quiero alumbrar tu mejilla silente de un

beso de soles.

Duermes, duermes y entonces despiertan

tus sueños, tus risas, tus frágiles manos.

Todo es descanso en tu boca pequeña,

tanta sonrisa no alcanza a contarse con

tantas estrellas que abrigan tu vida.

Duermes azul como un libro de cuentos,

duermes y cada cabello despierta a bailar

con tu aroma de risa.

Hoy fui severo contigo, llegaste feliz a

contarme que el viento no puede mirarse.

Yo dije que sí revolviendo tu idea,

y de nuevo dijiste que no, que eso no era

posible, que fue tu maestra quien dijo muy

firme que el viento no puede mirarse,

que el viento es tan sólo una ráfaga etérea

y que sólo se observan las cosas que toca.

Quiero pedirte perdón porque en ese momento

abordé el tren de adulto y perdí de explicarte

que el viento es la espuma de un mar de

palomas, palomas pequeñas así como el polvo,

palomas que juegan y mecen las ramas,

palomas que limpian el frágil cuaderno

que flota en el aire.

Me olvidé de decirte que el viento es el auto

en que viajan los sueños, y que el claro chofer

que conduce el carruaje ha elegido el color de

una rosa en la luna. Me olvidé de decirte que el

viento se observa a través de un cristal que

se esconde en los libros. Me olvidé de decirte

que hay una palabra que pone en tus ojos las

gafas más tersas. Con ellas contemplas el centro

del mundo, el hilo de añil que sostiene la

estrella, la boca del viento, los magos que habitan

allá tras la noche.

Sabrás al amar las palabras que existe un lunar en

los labios solares, que el mar sabe hablar los

idiomas del cielo, que el átomo acoge una casa

pequeña en que habitan los ríos.

Sabrás defenderte de insípidos rostros que nada

han sembrado.

Sabrás que a lo lejos existe una niña que sueña

volar en su escoba encantada.

Esa palabra tendrás que aprenderla al sentir la

mirada que asoma a tus ojos.

Y una vez que esa palabra, la palabra poesía, se

hospede en tu sangre ya no dudarás del cirquero

del viento.

Y cuando te digan que el número cero no tiene

un amigo no asientes tu rostro, alza tu voz y

declara que ahí, en la esfera de leche se encuentra

flotando una rosa violeta, una rosa lunar donde

el tiempo pasado descalza sus pies y recuesta su

cuerpo en un tibio rincón de un sofá anaranjado.



Fausto Vonbonek.


Bambino mio,

goccia intatta di zucchero in sogno,

ho attraversato la soglia dove l'angelo

ormai protegge la tua fronte nella serenità.

Sei il grano che nutre la mia felicità,

la panna del gioco, il miele dell’innocenza.

Il tuo vestitino è un balocco di pace che

spara sorrisi?

Ti bacio la fronte e cambio il respiro in cui

crescono i tuoi sogni. Voglio seminare

una goccia di luce nelle tue palpebre quiete; sì,

voglio illuminare la tua guancia silente con un

bacio di sole.

Dormi, dormi, ed allora si destano

i tuoi sogni, i tuoi sorrisi, le tue manine fragili.

Tutto è riposo, nella tua bocca piccola,

tanto sorriso non si riesce a contare sulle

tante stelle che ricoprono la tua vita.

Dormi celeste come un libro di racconti,

dormi ed ogni capello si leva a ballare

nel tuo profumo di risate.

Oggi son stato duro con te, giungesti felice a

raccontarmi che il vento non si può vedere.

Dissi di sì, rigirando la tua idea,

ed ancora dicesti di no, che ciò non era

possibile, che era stata la tua maestra a dirti ben

decisa che il vento non si può vedere,

che il vento è soltanto una raffica eterea

e che si notano solo le cose che tocca.

Voglio chiederti perdono perchè in quell’istante

son salito sul treno degli adulti scordando di spiegarti

che il vento è la schiuma di un mare di

colombe, colombe piccole come la sabbia,

colombe che giocano e cullano i rami,

colombe che tergono il fragile quaderno

che si libra nell'aria.

Ho dimenticato di dirti che il vento è l’auto

in cui viaggiano i sogni, e che lo chauffeur chiaro

che conduce la carrozza ha scelto il colore di

una rosa sulla luna. Ho dimenticato di dirti che il

vento si osserva attraverso un vetro che

si nasconde nei libri. Ho dimenticato di dirti

che c’è una parola che pone nei tuoi occhi gli

occhiali più tersi. Con quelli contempli il centro

del mondo, il filo indaco che sorregge la

stella, la bocca del vento, i maghi che abitano

là oltre la notte.

Saprai, amando le parole, che esiste un neo sulle

labbra del sole, che il mare sa parlare i

linguaggi del cielo, che l’atomo accoglie una casa

piccola dove abitano i fiumi.

Saprai difenderti da visi insipidi che nulla

han seminato.

Saprai che in lontananza esiste una bimba che sogna

di volare sulla sua scopa incantata.

Quella parola dovrai impararla sentendo lo

sguardo che spunta ai tuoi occhi.

E una volta che quella parola, la parola poesia, sarà

ospite nel tuo sangue non dubiterai più

del trapezio nel circo del vento.

E se ti diranno che il numero zero non ha

un amico, non mostrare un viso rassegnato, alza la tua voce ed

afferma che lì, in quella sfera di latte è

sospesa una rosa color violetto, una rosa lunare dove

il tempo passato si toglie le scarpe e reclina il suo

corpo su un angolo tiepido di un sofà arancione.



(Traduzione di Pietro Adorni – 10/8/2011) 
 

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