Teresa Delgado © 2014
NANA DE LA LUNA
jueves, 13 de marzo de 2014
El hombrecito vestido de gris - Cuentos infantiles - Fernando Alonso (+l...
)
Teresa Delgado © 2014
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Teresa Delgado © 2014
domingo, 9 de marzo de 2014
RECOMENDACIONES
Para escribir un verso cierra los ojos,
respira hondo y guarda el aire,
suéltate,
apártate,
deja que, a través de ti, la poesía se escriba a sí misma
y así,
un verso lleva a otro y a otro y a otro...
a veces, hasta te nace un poema.
Recuerda soltar el aire pasado un tiempo prudencial
y también abrir los ojos,
es fácil quedarse a morir en un verso.
Teresa Delgado © 2014
martes, 28 de enero de 2014
El Árbol Umdoni
miércoles, 16 de octubre de 2013
GRATITUD
Siempre se sintió muy agradecido de no ser un grano de maíz
(millo) de esos que nacen con vocación de palomita (palomitas
de maíz, rosca, cotufa, alborotos,
millo, rositas de maíz,gallitos,
poporopos, poscon, popcon, pocorn, poporochos, pochoclos, pururú, pop, popcorn, pop corn, canchita, canguil, pororó, cotufas, crispetas, maíz pira,
chivitas, cabritas de maíz, maíz tote, pipocas, rosetas,tostones, cocaleca, o flores),
él no concebía la vida sin más palabra que un simple “PLOF” antes de abandonar
su existencia.
Teresa Delgado © 2013
lunes, 2 de septiembre de 2013
John Ronald Reuel Tolkien
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| John Ronald Reuel Tolkien |
El 2 de septiembre de 1973 moría John Ronald Reuel Tolkien, conocido como R.R. Tolkien escritor británico nacido en Sudáfrica. Profesor universitario de Lengua y Literatura Inglesa, se especializó en la época medieval, lo que sería fuente de inspiración para sus mejores novelas. Gustaba de inventar historias para contar a sus hijos, que luego escribió y publicó, como “El Hobbit”, “Las Cartas de Papa Noel” y “Roverandom”, todas de carácter fantástico. “El hobbit”, sería el inicio de un ambicioso ciclo épico que se completaría con la trilogía de “El señor de los anillos” publicada entre los años 1954 y 1955. Esta fantástica obra está dividida en tres partes, a saber: “La comunidad del anillo”, “Las dos torres” y “El retorno del rey”.
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| Dibujo de "Las cartas de papá Noel" de J.R.R Tolkien |
Teresa Delgado © 2013
sábado, 24 de agosto de 2013
Sensemayá - Recitado por Nicolás Guillén
SENSEMAYÁ
Canto para matar a una culebra.
¡Mayombe—bombe—mayombé!
¡Mayombe—bombe—mayombé!
¡Mayombe—bombe—mayombé!
¡Mayombe—bombe—mayombé!
¡Mayombe—bombe—mayombé!
La culebra tiene los ojos de vidrio;
la culebra viene y se enreda en un palo;
con sus ojos de vidrio, en un palo,
con sus ojos de vidrio.
la culebra viene y se enreda en un palo;
con sus ojos de vidrio, en un palo,
con sus ojos de vidrio.
La culebra camina sin patas;
la culebra se esconde en la yerba;
caminando se esconde en la yerba,
caminando sin patas.
la culebra se esconde en la yerba;
caminando se esconde en la yerba,
caminando sin patas.
¡Mayombe—bombe—mayombé!
¡Mayombe—bombe—mayombé!
¡Mayombe—bombe—mayombé!
¡Mayombe—bombe—mayombé!
¡Mayombe—bombe—mayombé!
Tú le das con el hacha y se muere:
¡dale ya!
¡No le des con el pie, que te muerde,
no le des con el pie, que se va!
¡dale ya!
¡No le des con el pie, que te muerde,
no le des con el pie, que se va!
Sensemayá, la culebra,
sensemayá.
Sensemayá, con sus ojos,
sensemayá.
Sensemayá, con su lengua,
sensemayá.
Sensemayá, con su boca,
sensemayá.
sensemayá.
Sensemayá, con sus ojos,
sensemayá.
Sensemayá, con su lengua,
sensemayá.
Sensemayá, con su boca,
sensemayá.
La culebra muerta no puede comer,
la culebra muerta no puede silbar,
no puede caminar,
no puede correr.
La culebra muerta no puede mirar,
la culebra muerta no puede beber,
no puede respirar
no puede morder.
la culebra muerta no puede silbar,
no puede caminar,
no puede correr.
La culebra muerta no puede mirar,
la culebra muerta no puede beber,
no puede respirar
no puede morder.
¡Mayombe—bombe—mayombé!
Sensemayá, la culebra…
¡Mayombe—bombe—mayombé!
Sensemayá, no se mueve…
¡Mayombe—bombe—mayombé!
Sensemayá, la culebra…
¡Mayombe—bombe—mayombé!
Sensemayá, se murió.
Sensemayá, la culebra…
¡Mayombe—bombe—mayombé!
Sensemayá, no se mueve…
¡Mayombe—bombe—mayombé!
Sensemayá, la culebra…
¡Mayombe—bombe—mayombé!
Sensemayá, se murió.
Nicolás Guillén
Cuba
domingo, 18 de agosto de 2013
" La Tarara" (77 aniversario del asesinato de Federico García Lorca)
Hoy día 18 de Agosto de 2013, se celebra 77 aniversario del asesinato de Federico García Lorca, también hoy es el día de los niños, por eso mi homenaje se viste de los versos del poeta para los niños a los que amaba. "Dejadme las alas en su sitio que yo os prometo que volaré bien" dijo el poeta a sus padres.
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| "Dejadme las alas en su sitio que yo os prometo que volaré bien" Dijo el poeta a sus padres. |
La Tarara
La Tarara, sí;
la Tarara, no;
la Tarara, niña,
que la he visto yo.
Lleva la Tarara
un vestido verde
lleno de volantes
y de cascabeles.
La Tarara, sí;
la tarara, no;
la Tarara, niña,
que la he visto yo.
Luce mi Tarara
su cola de seda
sobre las retamas
y la hierbabuena.
Ay, Tarara loca.
Mueve, la cintura
para los muchachos
de las aceitunas.
domingo, 7 de julio de 2013
NUESTROS CACHORRITOS
Aunque todo en la vida tiende al cambio,lo viejo siempre hace pigüetas por mantenerse en el lugar que él cree le corresponde. Todo viejo sistema se resiste a la muerte y lucha hasta el último aliento contra todo nuevo paradigma que le emerja ante los ojos. Sabemos que nuestro arcaico sistema educativo huele a cadáver hace tiempo y , en ocasiones, resulta exacerbante comprobar cuánto daño puede hacerle a nuestros/as niños/as. Así mismo, somos conscientes de que todo lo que se caracteriza por la inmovilidad y la estrechez de miras de lo viejo desaparecerá en breve, pero nos resulta cada vez más duro tener que soportar los resultados de su pánico y consecuente rechazo por todo aquello que le huela a fresco, innovador y autentico.me consuela y da esperanza comprobar que CADA VEZ SOMOS MÁS los que queremos lo mejor para nuestros cachorritos al tiempo que cada vez son más los cachorritos que aterrizan en este mundo dotados de esa forma especial de decirnos¡BASTA!!
Yo estoy segura de que pronto veremos hecho realidad ese sueño que legítima y naturalmente nos habita.
Teresa Delgado © 2013
domingo, 16 de junio de 2013
DIA 21: HISTORAS PARA CAMBIAR EL MUNDO( RED INTERNACIONAL DE CUENTACUENTOS)
21 de Junio: Solsticio de Verano en el hemisferio Norte.
21 de Junio: Solsticio de invierno en el Hemisferio Sur.
21 de Junio: Ambos hemisferios se unen para andar contando historias alrededor del mundo.
Como cada año desde que nació esta maravillosa iniciativa de la RED INTERNACIONAL DE CUENTACUENTOS y absolutamente convencida de que pequeños gestos obran siempre grandes cambios, participo ofreciendo espacios y oportunidades para que una vez más sea la protagonista indiscutible en propuestas de las que pueden llegar a cambiar el mundo. En esta ocasión participo con dos acciones y de dos maneras diferentes. Desde el contexto educativo como viene siendo habitual hasta ahora, estaré contando cuentos en el instituto de enseñanza secundaria “Juan Pulido Castro” de Telde a todo aquel que quiera escuchar o contar, ellos se encargarán de grabar, montar y presentar en esta página una presentación o vídeo del evento.
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Telde- Gran canaria: IES “Juan Pulido Castro
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Posteriormente estaré en la Villa, también Gran Canaria de Moya,
con una maravillosa primicia para mí a
la que se me ha invitado a participar y en la que, en un contexto socio
sanitario pero siempre, siempre, siempre
de la mano de LOS CUENTOS pondremos énfasis, atención e INTENCIÓN en que se
produzcan esos pequeños cambios que propician ese otro grande y necesario DE
CAMBIAR EL MUNDO
colgaré en esta
página una presentación o vídeo del
evento.
El proyecto
Esta página nace con el deseo de intervenir en favor de todos los que sufren algún tipo de discriminación en todo el mundo.
Por que son de otra raza, de otro territorio, de otro barrio.
Porque profesan otra creencia, religión o ideología.
Porque sufren algún tipo de discapacidad, física o psíquica.
Porque son mujeres, o niños, o viejos.
Porque son homosexuales.
Porque son gordos, o flacos, o llevan gafas, o cojean.
En fin, contra todas las discriminaciones.
Este proyecto nació en el verano de 2010, en Rio de Janeiro, Brasil, de la mano de la Red Internacional de Cuentacuentos.
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| https://www.facebook.com/redinternacionaldecuentacuentos |
lunes, 27 de mayo de 2013
PAJAROS Y JAPONESES de Andrea Bergmann Tomeo
Nos
levantamos temprano, tal cual lo previsto la noche anterior, siendo
domingo, era muy temprano. Como habíamos tomado la casa sólo de
dormitorio y no regresaríamos a ella después, las provisiones para el
desayuno no eran para nada abundantes, apenas un postrecito de chocolate
y agua mineral. Salimos con la idea de complementar la ingesta en el
camino, pero de hecho no lo hicimos.
El día anterior, habíamos salido de Montevideo alrededor de las 17 hrs. rumbo al “dormitorio de paso” en Las Toscas, la excursión consistía en ir a Punta del Este a participar por unos instantes en un acto protocolar institucional con buena carga afectiva, es decir yo quería acompañar a mi hermano en el momento que era proclamado como autoridad electa de la institución. Nadie sabía de nuestra llegada, era sorpresa, por lo tanto debíamos ser puntuales. Preferimos salir un día antes y dormir en el balneario para agilizar el trayecto, salir de la capital suele ser lento y entonces aprovechamos el sábado sin apuro para adelantar los primeros 50 kilómetros. Dado justamente que no había apuro ninguno, elegí el camino largo una vez más, cosa poco usual en plena temporada de verano, cuando vamos y venimos cada fin de semana o en las vacaciones elijo el camino más corto o el menos congestionado, pero esta vez eso no era necesario. Circulando a velocidad media, conversando tranquilamente, con el sol despidiéndose de a poco, por una ruta sinuosa, agradablemente adornada con árboles, cañadas, campos sembrados, viviendas, colinas, algunos animales pastando; era una ruta menor bien pavimentada, no tan ancha como la principal pero con poco tránsito a esa hora. En medio de un silencio dado entre tema y tema, mi compañera de ruta lanza una exclamación propia de quien recuerda de golpe algún chisme que no había contado:
—Pah! No sabes!.... — Hizo una pausa que daba para pensar que era realmente un chisme.
—El pájaro gigante que había ahí! Al costado de la ruta, no más, bien cerca.
Busqué por el espejo retrovisor pero no logré verlo.
—Era enorme, negro con el pico amarillo... Pero no sabes qué GRANDE! Da la vuelta!
Unos 300 metros más adelante de la primera exclamación encontré una entrada de balasto para maniobrar a salvo. Penetré unos metros en el camino que era propiedad privada e inmediatamente asomó el propietario de la casa, amenazante, hacia el auto, que me costaba girar puesto que el predio estaba lleno de cosas tiradas por todos lados, incluido un trozo de vía de tren que oficiaba de límite entre el camino y el pastizal adyacente. Antes que el tipo desenfundara logré salir a la ruta nuevamente y tomar el sentido contrario. Avanzamos lentamente pensando que tal vez el pájaro ya no estuviera allí, si estaba a la vera del camino seguramente algún auto que pasó lo espantó. Yo no lo ví hasta que de pronto una nueva exclamación me hizo apretar el freno rápidamente:
—Ahí está! Voló! Mira, son dos!
Entonces si los vimos; volaron dos enormes aves de rapiña a posarse en las ramas de un pino cercano. Por lo que pude apreciar a la media luz del atardecer seguramente era una pareja de caranchos. Estacioné el auto lo más seguro posible en la estrecha banquina y nos quedamos observándonos mutuamente por un rato: nosotras y los caranchos, yo diciendo que tenían la cabeza aplanada y ellos diciendo que nos faltaban plumas en la cola... Cuando se aburrieron de ver el autito con dos desplumadas adentro, levantaron vuelo, cruzaron la ruta delante del auto y se fueron perdiendo de vista entre los rosados y lilas del cielo crepuscular, planeando lentamente y dibujándose sobre la silueta del bosque. La escena fue perfecta. Tanto así que nos quedamos unos instantes más mirando más allá, no sé si esperando que volvieran o simplemente grabando en la memoria la bellísima visión. Un verdadero regalo del universo. Cuando despertamos de la ensoñación, volví a girar el vehículo para retomar el sentido de nuestro viaje y a la nochecita, arribamos al hogar. Después de una cena casera, nos acostamos, cerramos los ojos bajo la hipnosis de los reflejos de las llamas y nos dormimos al arrullo del crepitar del fuego en la estufa.
Tomamos la Ruta Interbalnearia con calma, era un día apenas templado con augurios de buen sol. El postrecito de chocolate nos engañó el estómago durante todo el camino, seguimos de largo y sin parada alguna llegamos al Centro de Convenciones del Conrad Hotel. Acercándonos a la sala del evento escuché que anunciaban la entrada de los colegas de mi hermano, o sea estábamos llegando justito un minuto antes que lo llamaran a él. Nos apresuramos a traspasar la puerta del salón y de ahí en más los hechos fueron cien en uno: me vio mi amigo (en realidad no somos hermanos), me vio mi madre, se emocionaron los dos, me enteré que su esposa no había llegado aún, me pidieron que los acompañara al estrado, largué lentes y cartera, me saqué los pelos de la cara (el viento en la península es fuerte), me prendí del brazo izquierdo (en el derecho iba Doña Rita) y atravesamos todo el salón por uno de los pasillos entre el público, en medio de aplausos, ovaciones, y fotógrafos. Me sentí como Michelle Pfeiffer en la alfombra roja... y simplemente quería darle un abrazo a mi amigo en un momento para él muy especial.
Entendí y comprobé una vez más que las acciones que salen del corazón, más allá del pensar, del acuerdo o la discrepancia, siempre resultan oportunas y justas, cuando desde lo hondo del alma sentimos que debemos estar y sin dilemas ni dudas vamos hasta allí, siempre reconocemos que así debía ser, que era necesario que estuviéramos. Las circunstancias le dan la razón al corazón.
Discursos, saludos y alegrías mediante, al finalizar el acto protocolar nos despedimos de los actores principales y salimos de escena con la convicción de ser nominadas para el Oscar por efectos emocionales... Con la sensación de estar BIEN.
Nos fuimos a José Ignacio de paseo y almuerzo.
Transitábamos la ruta 10 bastante avanzado el trayecto, cuando avisté a mi derecha 3 cotorritas bien verdes y gorditas en el camino paralelo a la carretera. Mi compañera siente cierto amor especial por esos escandalosos animalitos voladores y no los había advertido, fue entonces, que en un acto irreflexivo motivado por el gran cariño que le tengo, pegué un frenazo memorable, antes de cruzar la lomada próxima, con balizas y luz de marcha atrás encendidas, emprendí una cuidadosa reversa de 40 metros bien volcada hacia la derecha delante de un auto con matrícula argentina (léase “porteño”), que aunque venía a otros 40 metros de distancia ya me tocaba bocina insistentemente; para mostrarle los bichos verdes a Marisa… Me conmovió su emoción al percibir que mi arriesgada maniobra sólo conllevaba la intención de acercarla a sus adorados PAJARRACOS. Reinicié la marcha hacia adelante y por supuesto le di paso al porteño que seguía impaciente.
Entramos a José Ignacio en recorrida de descubrimiento: callecitas, el faro, arenas, mar, un lugar donde almorzar. Considerando lo escaso del desayuno y la avanzada hora, sentíamos bastante apetito. En una nueva vuelta del camino, la copiloto ve un grupo de 3 o 4 pájaros picoteando el césped del jardín de una casa…
—Pará! Qué son esos? Son grandes…
Otra vez frenada y marcha atrás, esta vez con el bus de línea pisando los talones (o los guardabarros). Pude detener el auto en lugar correcto para disponernos a observar estos nuevos ejemplares.
Eran Picapalos de copete amarillo, grandotes también (se ve que la zona costera es pródiga en alimento para el buen crecimiento de las aves…) que ni se molestaron con nuestra cercana presencia y siguieron de piquito en el suelo.
Volvimos a emprender la búsqueda del almuerzo.
El 99% de los locales estaban cerrados, sólo habíamos visto uno con platos del día en oferta, los precios en la zona suelen ser exorbitantes así que debíamos ser muy cautelosas al momento de elegir establecimiento, además andábamos sin mucho efectivo, sólo con tarjetas de crédito. Pasamos por ese sitio una vez más, los precios eran casi razonables pero dimos una ojeada a la vuelta, por las dudas. Nos topamos con un restorán, muy adornado, con mesas al aire libre, patios floridos, artesanías expuestas, muchos carteles turísticos y el anuncio estrella con el nombre del chef, un francés. Pensamos que sería muy caro el lugar, no obstante bajé a ver la carta que figuraba en un exhibidor en la entrada. Estoy leyendo el menú (donde figuraba por ejemplo: coq rôti à l'origan y no era otra cosa que pollo asado con orégano) y sus elevados precios, cuando se me acerca el propio chef, pintoresco personaje regordete, de melena larga y atuendo hip hop que se pone a explicarme medio en francés medio en español las bondades del local, sus antecedentes, comodidades y demás. Resultó ser una versión “más accesible” de un reconocido restorán de lujo de Punta del Este. Almorzar allí nos hubiera costado lo mismo que un fin de semana completo en Rio de Janeiro, eso sí: aceptaban todas las tarjetas de crédito. Le agradecí la info y salí volando como pajarito flaco. Nos fuimos al de la oferta del día.
Olor a frito ni bien entramos, sólo dos mesas ocupadas con dos personas cada una. No aceptaban tarjetas, calculando los platos a consumir, el efectivo que juntábamos entre las dos nos daba para media milanesa, media botella de agua, un solo juego de cubiertos y del postre, sólo el cucurucho, sin helado; un mozo con mala onda y … NO HACÍAN PAPAS FRITAS!
Ah! Cuando escuchamos que no hacían papas fritas fue tal la indignación que nos levantamos y nos fuimos: sin papas fritas no hay milanesa.
Emprendimos la retirada del paraje, ya con cefalea famélica, o sea nos dolía la cabeza de hambre y el postrecito de chocolate ya había sido eliminado por nuestros organismos. En todo el camino desde el faro hasta la ruta, nos vimos acompañadas por un grupo de aves que podían ser águilas pequeñas o buitres. Volaban rodeando el bosque, la playa, el camino siempre delante del auto, al decir de Marisa: “Parecen nuestros guardianes” Guardianes… o vigilantes, tal vez advirtieron nuestro estado y esperaban que muriéramos por inanición, si eran buitres estábamos sonadas. Pensemos poéticamente y quedémonos con lo de “guardianes”.
Fuimos buscando el otro cartel de oferta gastronómica que por suerte encontramos y logramos almorzar muy abundantemente con entrada y plato principal en base a mariscos y pescado, guarniciones, panes, postre y bebida, por un precio más que razonable y pago mediante el plástico mágico, en una bonita terraza bañada por el tibio sol del otoño y muy amablemente atendidas. Está visto que nuestro ADN no contiene genes apropiados para los lujos desmedidos: somos mujeres de barrio no más, de comprar la fruta en la feria y la pizza en el 2x1 y así se nos dio encontrar el “boliche” adecuado a nuestras posibilidades ciertas y en castellano básico… quizás las águilas guardianas nos mostraban el camino: “salgan de aquí, muchachas, que no hay papas fritas...”
Con la pancita llena proseguimos el paseo disfrutando de una hermosa tarde… directo al Conrad, al baño. Y luego al casino.
Cuando entramos al hotel, sugerí apostarnos en la terraza sobre el mar para ver al sol esconderse, después de visitar los SSHH, obvio. Realmente la vista desde allí es magnífica y la claridad del cielo prometía un evento espectacular, pero una vez dentro de la sala de juegos pudo más el gen del azar (ese sí lo tenemos) que el de las bellezas naturales y nos concentramos en jugar en las tragamonedas. Cuando salimos ya era de noche, el fabuloso atardecer quedó atrás igual que algunos dólares de nuestras billeteras.
Era tiempo de emprender el regreso a la capital.
La carretera estaba tranquila, la noche estrellada y la luna…
La luna se mostraba en creciente con perfecta inclinación como para sentarse en la punta a pescar meteoritos. Hacia abajo perpendicularmente, a corta distancia brillaba una estrella, tal vez un planeta, parecía que estaba pendiendo de un hilo invisible anudado a la curva de la luna. Estaba cerca del horizonte y a medida que avanzábamos se acercaba más, se veía más grande y tornando del plateado al amarillo oro, siempre con la estrella colgada, siempre a la misma distancia. Se me ocurrió que alguien estaba tirando de ella como si fuera la bolita que oficia de tope en el cordel de una cajita de música, sólo que en este caso ambos elementos bajaban juntos sin variar la distancia entre ellos. Según las curvas del recorrido el dúo astral aparecía al frente o a los lados del auto, a veces oculto por elementos del paisaje, a veces como único dibujo en el cielo. Hasta que ya muy cerca de casa desaparecieron, primero la estrella y luego la luna. Me pregunto si del otro lado los japoneses verían la imagen al revés, es decir una estrella asomando tironeando de la luna colgada a sus pies o si simplemente quien estuviera tirando de la bolita habría enrollado el hilo alrededor de la curva lunar y se hubiera guardado todo en el bolsillo.
Fue otro regalo a nuestras almas, otra visión magistral del universo, esas cosas que vemos cuando los ojos están abiertos, cuando prestamos atención al entorno más allá de lo previsto, más allá de lo planificado, cuando estamos dispuestos a apreciar y amar las pequeñas cosas que son las más grandes, cuando entendemos que detenerse a observar es mucho mejor que el apuro cotidiano, que suspirar de asombro ante un pájaro es mejor que vivir a mil sin aliento, cuando estando solos disfrutamos y valoramos lo mismo que acompañados…
Lo previsto era ir al acto protocolar y luego dar un paseo, digamos esa era la meta o el destino de la salida, pero si llegar a destino o alcanzar una meta es importante en cualquier orden de la vida, tales situaciones son efímeras, cuando obtenemos lo que queremos, cuando llegamos al sitio elegido, cuando terminamos una tarea, más allá de la satisfacción o el alivio que sentimos por haberlo logrado, la situación en sí es un instante, es un final. Lo verdaderamente valioso es el recorrido, es conocer las circunstancias a cada paso, disfrutar del viaje en su extensión, observar, atender, dedicar tiempo al entorno, a lo que vamos ganando en cada momento, lo que surge imprevistamente, lo que permitimos que nos ocurra, sin miedo a “perder tiempo”.
En definitiva el acto protocolar nos quedó en el medio de una aventura genial, una expedición de avistamiento de aves, una instancia de observación astronómica. Desde que emprendimos la marcha, sin proponernos nada, dejamos que las cosas nos pasaran y les prestamos atención, o viceversa quizás.
Sólo se trata de aprender y reconocer que siempre estamos en el lugar que debemos estar y estando allí debemos sentir que eso es lo que nos corresponde y aunque a veces no parezca, es lo mejor que se nos tiene destinado. Aceptarlo, experimentarlo, disfrutarlo, atesorarlo, sentirlo con los cinco sentidos y el sexto también, es VIVIR… VIVIR BIEN.
Concluyo en decir, tal vez como moraleja a partir de este relato, que mi auto está debidamente identificado en su parte trasera con mi firma, estampada en color azul reflectivo, si cualquiera de vosotros, estimados lectores, se encontrara conduciendo su propio vehículo detrás del mío, mantengan una buena distancia, puesto que en cualquier momento una lámina espectacular de vida podría presentarse ante mí y no voy a dudar en realizar la maniobra pertinente a los efectos de disfrutar al máximo de dicha aparición. Si advierten que a mi lado va mi compañera, que la precaución sea doble, porque también se duplican las posibilidades de detectar apariciones. Y como buen consejo, no gasten energía en bocinazos, preferible es que se detengan a observar y busquen ver aquello que esté maravillándome o maravillándonos.
Me contaron después, que al día siguiente, la estrellita ya no estaba debajo de la luna… ¿Se la quedaron los japoneses para fabricar LEDS o simplemente se desató después de haber cumplido su misión…?
El día anterior, habíamos salido de Montevideo alrededor de las 17 hrs. rumbo al “dormitorio de paso” en Las Toscas, la excursión consistía en ir a Punta del Este a participar por unos instantes en un acto protocolar institucional con buena carga afectiva, es decir yo quería acompañar a mi hermano en el momento que era proclamado como autoridad electa de la institución. Nadie sabía de nuestra llegada, era sorpresa, por lo tanto debíamos ser puntuales. Preferimos salir un día antes y dormir en el balneario para agilizar el trayecto, salir de la capital suele ser lento y entonces aprovechamos el sábado sin apuro para adelantar los primeros 50 kilómetros. Dado justamente que no había apuro ninguno, elegí el camino largo una vez más, cosa poco usual en plena temporada de verano, cuando vamos y venimos cada fin de semana o en las vacaciones elijo el camino más corto o el menos congestionado, pero esta vez eso no era necesario. Circulando a velocidad media, conversando tranquilamente, con el sol despidiéndose de a poco, por una ruta sinuosa, agradablemente adornada con árboles, cañadas, campos sembrados, viviendas, colinas, algunos animales pastando; era una ruta menor bien pavimentada, no tan ancha como la principal pero con poco tránsito a esa hora. En medio de un silencio dado entre tema y tema, mi compañera de ruta lanza una exclamación propia de quien recuerda de golpe algún chisme que no había contado:
—Pah! No sabes!.... — Hizo una pausa que daba para pensar que era realmente un chisme.
—El pájaro gigante que había ahí! Al costado de la ruta, no más, bien cerca.
Busqué por el espejo retrovisor pero no logré verlo.
—Era enorme, negro con el pico amarillo... Pero no sabes qué GRANDE! Da la vuelta!
Unos 300 metros más adelante de la primera exclamación encontré una entrada de balasto para maniobrar a salvo. Penetré unos metros en el camino que era propiedad privada e inmediatamente asomó el propietario de la casa, amenazante, hacia el auto, que me costaba girar puesto que el predio estaba lleno de cosas tiradas por todos lados, incluido un trozo de vía de tren que oficiaba de límite entre el camino y el pastizal adyacente. Antes que el tipo desenfundara logré salir a la ruta nuevamente y tomar el sentido contrario. Avanzamos lentamente pensando que tal vez el pájaro ya no estuviera allí, si estaba a la vera del camino seguramente algún auto que pasó lo espantó. Yo no lo ví hasta que de pronto una nueva exclamación me hizo apretar el freno rápidamente:
—Ahí está! Voló! Mira, son dos!
Entonces si los vimos; volaron dos enormes aves de rapiña a posarse en las ramas de un pino cercano. Por lo que pude apreciar a la media luz del atardecer seguramente era una pareja de caranchos. Estacioné el auto lo más seguro posible en la estrecha banquina y nos quedamos observándonos mutuamente por un rato: nosotras y los caranchos, yo diciendo que tenían la cabeza aplanada y ellos diciendo que nos faltaban plumas en la cola... Cuando se aburrieron de ver el autito con dos desplumadas adentro, levantaron vuelo, cruzaron la ruta delante del auto y se fueron perdiendo de vista entre los rosados y lilas del cielo crepuscular, planeando lentamente y dibujándose sobre la silueta del bosque. La escena fue perfecta. Tanto así que nos quedamos unos instantes más mirando más allá, no sé si esperando que volvieran o simplemente grabando en la memoria la bellísima visión. Un verdadero regalo del universo. Cuando despertamos de la ensoñación, volví a girar el vehículo para retomar el sentido de nuestro viaje y a la nochecita, arribamos al hogar. Después de una cena casera, nos acostamos, cerramos los ojos bajo la hipnosis de los reflejos de las llamas y nos dormimos al arrullo del crepitar del fuego en la estufa.
Tomamos la Ruta Interbalnearia con calma, era un día apenas templado con augurios de buen sol. El postrecito de chocolate nos engañó el estómago durante todo el camino, seguimos de largo y sin parada alguna llegamos al Centro de Convenciones del Conrad Hotel. Acercándonos a la sala del evento escuché que anunciaban la entrada de los colegas de mi hermano, o sea estábamos llegando justito un minuto antes que lo llamaran a él. Nos apresuramos a traspasar la puerta del salón y de ahí en más los hechos fueron cien en uno: me vio mi amigo (en realidad no somos hermanos), me vio mi madre, se emocionaron los dos, me enteré que su esposa no había llegado aún, me pidieron que los acompañara al estrado, largué lentes y cartera, me saqué los pelos de la cara (el viento en la península es fuerte), me prendí del brazo izquierdo (en el derecho iba Doña Rita) y atravesamos todo el salón por uno de los pasillos entre el público, en medio de aplausos, ovaciones, y fotógrafos. Me sentí como Michelle Pfeiffer en la alfombra roja... y simplemente quería darle un abrazo a mi amigo en un momento para él muy especial.
Entendí y comprobé una vez más que las acciones que salen del corazón, más allá del pensar, del acuerdo o la discrepancia, siempre resultan oportunas y justas, cuando desde lo hondo del alma sentimos que debemos estar y sin dilemas ni dudas vamos hasta allí, siempre reconocemos que así debía ser, que era necesario que estuviéramos. Las circunstancias le dan la razón al corazón.
Discursos, saludos y alegrías mediante, al finalizar el acto protocolar nos despedimos de los actores principales y salimos de escena con la convicción de ser nominadas para el Oscar por efectos emocionales... Con la sensación de estar BIEN.
Nos fuimos a José Ignacio de paseo y almuerzo.
Transitábamos la ruta 10 bastante avanzado el trayecto, cuando avisté a mi derecha 3 cotorritas bien verdes y gorditas en el camino paralelo a la carretera. Mi compañera siente cierto amor especial por esos escandalosos animalitos voladores y no los había advertido, fue entonces, que en un acto irreflexivo motivado por el gran cariño que le tengo, pegué un frenazo memorable, antes de cruzar la lomada próxima, con balizas y luz de marcha atrás encendidas, emprendí una cuidadosa reversa de 40 metros bien volcada hacia la derecha delante de un auto con matrícula argentina (léase “porteño”), que aunque venía a otros 40 metros de distancia ya me tocaba bocina insistentemente; para mostrarle los bichos verdes a Marisa… Me conmovió su emoción al percibir que mi arriesgada maniobra sólo conllevaba la intención de acercarla a sus adorados PAJARRACOS. Reinicié la marcha hacia adelante y por supuesto le di paso al porteño que seguía impaciente.
Entramos a José Ignacio en recorrida de descubrimiento: callecitas, el faro, arenas, mar, un lugar donde almorzar. Considerando lo escaso del desayuno y la avanzada hora, sentíamos bastante apetito. En una nueva vuelta del camino, la copiloto ve un grupo de 3 o 4 pájaros picoteando el césped del jardín de una casa…
—Pará! Qué son esos? Son grandes…
Otra vez frenada y marcha atrás, esta vez con el bus de línea pisando los talones (o los guardabarros). Pude detener el auto en lugar correcto para disponernos a observar estos nuevos ejemplares.
Eran Picapalos de copete amarillo, grandotes también (se ve que la zona costera es pródiga en alimento para el buen crecimiento de las aves…) que ni se molestaron con nuestra cercana presencia y siguieron de piquito en el suelo.
Volvimos a emprender la búsqueda del almuerzo.
El 99% de los locales estaban cerrados, sólo habíamos visto uno con platos del día en oferta, los precios en la zona suelen ser exorbitantes así que debíamos ser muy cautelosas al momento de elegir establecimiento, además andábamos sin mucho efectivo, sólo con tarjetas de crédito. Pasamos por ese sitio una vez más, los precios eran casi razonables pero dimos una ojeada a la vuelta, por las dudas. Nos topamos con un restorán, muy adornado, con mesas al aire libre, patios floridos, artesanías expuestas, muchos carteles turísticos y el anuncio estrella con el nombre del chef, un francés. Pensamos que sería muy caro el lugar, no obstante bajé a ver la carta que figuraba en un exhibidor en la entrada. Estoy leyendo el menú (donde figuraba por ejemplo: coq rôti à l'origan y no era otra cosa que pollo asado con orégano) y sus elevados precios, cuando se me acerca el propio chef, pintoresco personaje regordete, de melena larga y atuendo hip hop que se pone a explicarme medio en francés medio en español las bondades del local, sus antecedentes, comodidades y demás. Resultó ser una versión “más accesible” de un reconocido restorán de lujo de Punta del Este. Almorzar allí nos hubiera costado lo mismo que un fin de semana completo en Rio de Janeiro, eso sí: aceptaban todas las tarjetas de crédito. Le agradecí la info y salí volando como pajarito flaco. Nos fuimos al de la oferta del día.
Olor a frito ni bien entramos, sólo dos mesas ocupadas con dos personas cada una. No aceptaban tarjetas, calculando los platos a consumir, el efectivo que juntábamos entre las dos nos daba para media milanesa, media botella de agua, un solo juego de cubiertos y del postre, sólo el cucurucho, sin helado; un mozo con mala onda y … NO HACÍAN PAPAS FRITAS!
Ah! Cuando escuchamos que no hacían papas fritas fue tal la indignación que nos levantamos y nos fuimos: sin papas fritas no hay milanesa.
Emprendimos la retirada del paraje, ya con cefalea famélica, o sea nos dolía la cabeza de hambre y el postrecito de chocolate ya había sido eliminado por nuestros organismos. En todo el camino desde el faro hasta la ruta, nos vimos acompañadas por un grupo de aves que podían ser águilas pequeñas o buitres. Volaban rodeando el bosque, la playa, el camino siempre delante del auto, al decir de Marisa: “Parecen nuestros guardianes” Guardianes… o vigilantes, tal vez advirtieron nuestro estado y esperaban que muriéramos por inanición, si eran buitres estábamos sonadas. Pensemos poéticamente y quedémonos con lo de “guardianes”.
Fuimos buscando el otro cartel de oferta gastronómica que por suerte encontramos y logramos almorzar muy abundantemente con entrada y plato principal en base a mariscos y pescado, guarniciones, panes, postre y bebida, por un precio más que razonable y pago mediante el plástico mágico, en una bonita terraza bañada por el tibio sol del otoño y muy amablemente atendidas. Está visto que nuestro ADN no contiene genes apropiados para los lujos desmedidos: somos mujeres de barrio no más, de comprar la fruta en la feria y la pizza en el 2x1 y así se nos dio encontrar el “boliche” adecuado a nuestras posibilidades ciertas y en castellano básico… quizás las águilas guardianas nos mostraban el camino: “salgan de aquí, muchachas, que no hay papas fritas...”
Con la pancita llena proseguimos el paseo disfrutando de una hermosa tarde… directo al Conrad, al baño. Y luego al casino.
Cuando entramos al hotel, sugerí apostarnos en la terraza sobre el mar para ver al sol esconderse, después de visitar los SSHH, obvio. Realmente la vista desde allí es magnífica y la claridad del cielo prometía un evento espectacular, pero una vez dentro de la sala de juegos pudo más el gen del azar (ese sí lo tenemos) que el de las bellezas naturales y nos concentramos en jugar en las tragamonedas. Cuando salimos ya era de noche, el fabuloso atardecer quedó atrás igual que algunos dólares de nuestras billeteras.
Era tiempo de emprender el regreso a la capital.
La carretera estaba tranquila, la noche estrellada y la luna…
La luna se mostraba en creciente con perfecta inclinación como para sentarse en la punta a pescar meteoritos. Hacia abajo perpendicularmente, a corta distancia brillaba una estrella, tal vez un planeta, parecía que estaba pendiendo de un hilo invisible anudado a la curva de la luna. Estaba cerca del horizonte y a medida que avanzábamos se acercaba más, se veía más grande y tornando del plateado al amarillo oro, siempre con la estrella colgada, siempre a la misma distancia. Se me ocurrió que alguien estaba tirando de ella como si fuera la bolita que oficia de tope en el cordel de una cajita de música, sólo que en este caso ambos elementos bajaban juntos sin variar la distancia entre ellos. Según las curvas del recorrido el dúo astral aparecía al frente o a los lados del auto, a veces oculto por elementos del paisaje, a veces como único dibujo en el cielo. Hasta que ya muy cerca de casa desaparecieron, primero la estrella y luego la luna. Me pregunto si del otro lado los japoneses verían la imagen al revés, es decir una estrella asomando tironeando de la luna colgada a sus pies o si simplemente quien estuviera tirando de la bolita habría enrollado el hilo alrededor de la curva lunar y se hubiera guardado todo en el bolsillo.
Fue otro regalo a nuestras almas, otra visión magistral del universo, esas cosas que vemos cuando los ojos están abiertos, cuando prestamos atención al entorno más allá de lo previsto, más allá de lo planificado, cuando estamos dispuestos a apreciar y amar las pequeñas cosas que son las más grandes, cuando entendemos que detenerse a observar es mucho mejor que el apuro cotidiano, que suspirar de asombro ante un pájaro es mejor que vivir a mil sin aliento, cuando estando solos disfrutamos y valoramos lo mismo que acompañados…
Lo previsto era ir al acto protocolar y luego dar un paseo, digamos esa era la meta o el destino de la salida, pero si llegar a destino o alcanzar una meta es importante en cualquier orden de la vida, tales situaciones son efímeras, cuando obtenemos lo que queremos, cuando llegamos al sitio elegido, cuando terminamos una tarea, más allá de la satisfacción o el alivio que sentimos por haberlo logrado, la situación en sí es un instante, es un final. Lo verdaderamente valioso es el recorrido, es conocer las circunstancias a cada paso, disfrutar del viaje en su extensión, observar, atender, dedicar tiempo al entorno, a lo que vamos ganando en cada momento, lo que surge imprevistamente, lo que permitimos que nos ocurra, sin miedo a “perder tiempo”.
En definitiva el acto protocolar nos quedó en el medio de una aventura genial, una expedición de avistamiento de aves, una instancia de observación astronómica. Desde que emprendimos la marcha, sin proponernos nada, dejamos que las cosas nos pasaran y les prestamos atención, o viceversa quizás.
Sólo se trata de aprender y reconocer que siempre estamos en el lugar que debemos estar y estando allí debemos sentir que eso es lo que nos corresponde y aunque a veces no parezca, es lo mejor que se nos tiene destinado. Aceptarlo, experimentarlo, disfrutarlo, atesorarlo, sentirlo con los cinco sentidos y el sexto también, es VIVIR… VIVIR BIEN.
Concluyo en decir, tal vez como moraleja a partir de este relato, que mi auto está debidamente identificado en su parte trasera con mi firma, estampada en color azul reflectivo, si cualquiera de vosotros, estimados lectores, se encontrara conduciendo su propio vehículo detrás del mío, mantengan una buena distancia, puesto que en cualquier momento una lámina espectacular de vida podría presentarse ante mí y no voy a dudar en realizar la maniobra pertinente a los efectos de disfrutar al máximo de dicha aparición. Si advierten que a mi lado va mi compañera, que la precaución sea doble, porque también se duplican las posibilidades de detectar apariciones. Y como buen consejo, no gasten energía en bocinazos, preferible es que se detengan a observar y busquen ver aquello que esté maravillándome o maravillándonos.
Me contaron después, que al día siguiente, la estrellita ya no estaba debajo de la luna… ¿Se la quedaron los japoneses para fabricar LEDS o simplemente se desató después de haber cumplido su misión…?
jueves, 23 de mayo de 2013
LA PRIMAVERA LA SANGRE ALTERA
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c/Luján Pérez nº 15 TELDE |
Presentación
Mi nombre es
Teresa Delgado Duque y soy, entre otras cosas, narradora oral, cuentacuentos,
cuentera como quieran llamarlo.
Trabajo en
algo muy diferente a esto pero esta es mi vocación del alma. Creo en la magia
de la palabra y fiel a ella y siempre que puedo encuentro una excusa para
escribir, realizar talleres relacionados con la palabra para niños y adultos de
diferentes colectivos como integradora social
o para hacer esto de lo que vamos a disfrutar en este ratito que
compartiremos a partir de ahora.
Porqué el título, “La primavera la sangre altera “Cuentos para adultos
Que la primavera la sangre altera es uno de esos dichos populares que la ciencia se ha encargado de validar, un periodo en el que el cuerpo responde mejor a los estímulos, incluidos los sexuales, psicólogos, sociólogos, médicos y, por supuesto, sexólogos, son unánimes al afirmar que ese refrán fruto de la sabiduría popular tiene una rigurosa base científica demostrable y demostrada.
La primavera, una palabra que viene del latín y que significa primer verano,( Primo- Vero) se caracteriza, como todo el mundo sabe, por un aumento paulatino de las temperaturas y de la luminosidad.
Y a más calor y luz mayor aumento de las sensaciones placenteras y de la producción de hormonas, como la melatonina y las feromonas, determinantes para la actividad sexual.
La primavera "anima más, lo que hace es mejorar el carácter, las ganas, y también anima a salir, a relacionarse. Llega un momento en que la ropa te empieza a sobrar y eso conlleva una mayor predisposición a las relaciones sociales y evidentemente a las sexuales al producirse el despertar de la naturaleza, así como de los instintos más animales, trae consigo "más deseo y más enamoramiento".
Quién no ha notado que se le pone la sangre efervescente cuando la naturaleza comienza con su natural estallido de colores, aromas, texturas, el sol empieza a calentar esa piel aburrida ya de inviernos…eh,
SABIDURÍA POPULAR "LA PRIMAVERA LA SANGRA ALTERA": Aunque esté ocurriéndonos lo de los neuropéptidos esos y las endorfinas nosotros sabemos lo que sentimos y lo disfrutamos así que te invitamos a un ratito celebrando la primavera y nuestra capacidad de sentir y sentirnos en un espectáculo de la palabra, en donde la poesía, la música y los cuentos nos dejarán en actitud y sintonía para seguir celebrando, donde, cuando y con quién tú quieras la maravilla de estar vivos.
¿Por qué “Cuentos para adultos y no cuentos eróticos?
Diferencia entre Pornografía y Erotismo
Pornografía: El término pornografía procede del griego πορνογραφíα (porne
es "prostituta" y grafía, "descripción", es decir,
"descripción de una prostituta"). Por tanto, en sentido estricto
designa la descripción de las prostitutas y, por extensión, de las actividades
propias de su trabajo.
Modernamente se entiende por
pornografía todos aquellos materiales, imágenes o reproducciones que
representan actos sexuales con el fin de provocar la excitación sexual del
receptor de una manera explícita, es decir clara sin adorno.
Erotismo, en
cambio es una palabra formada a partir
del griego ἔρως: érōs con que se designaba al amor apasionado
unido con el deseo sensual. Tal sentimiento fue personificado en una deidad:
Eros
De este modo
el erotismo puede observarse en combinación con la libido, El erotismo trata de
todo aquello que emana de nuestra zona libídica y está relacionado con el sexo
y con el amor erótico El adjetivo erótico nos indica algo más relativo a lo
sugerente, a la sensualidad que a lo sexual propiamente dicho.
Muchas veces
la gente viene a un espectáculo erótico buscando pornografía, es por eso que
decidí cambiar el término “Cuentos eróticos por cuentos para adultos” y aquí
entre tú y yo y ya que hemos acarado esto vamos a contar cuentos eróticos, es
decir cuentos para lo adultos que somos disfrutemos de la sugerencia de las
palabras, de la sensualidad de las imágenes que evocan y de la maravilla de las
sensaciones que nosotros mismos con lo que escuchan van a crear.
Aclarado
todo lo cual nos queda la última pregunta
Porqué en “Burbujas de Placer”
Burbujas de
Placer es un rincón creado por una mujer emprendedora que destella vida por
donde quiera que va, Rocío Pérez López, esa esencia tan suya impregna sus
proyectos y está presente en esta tienda especial de Telde que ella dedica a
todo aquello que pueda hacer más divertido, enriquecedor y estimulante un
encuentro amoroso o una relación de pareja. Es por eso que un día me propuso
hacer una sesión de cuentos en su local de Telde, propuesta que respondí con un
espectáculo sencillo pero lleno de carisma al que titulé "A luz de
vela". En vista de que el público asistente se quedó con buen sabor y
ganas de repetir y que muchos de los que no pudieron asistir manifestaron su
deseo de disfrutar de una nueva sesión de cuentos, Rocío me propuso un segundo
encuentro para el que he creado "La Primavera la sangre altera" en
donde la música, la poesía y los cuentos danzarán con ese bullicio interior que
la primavera suscita y que tú traerás puesto. Nosotras pondremos el lugar, una
copita, y yo añadiré la magia de la palabra en forma de poemas e historias que
no te dejarán indiferente y que te llevarás puestas en las orejas, los
bolsillos, en las pestañas, en cualquier lugar en las que ellas elijan
enredársete para, en complicidad de la noche, sorprenderte e invitarte a que
juegues con ellas...A hacer magia.
Teresa Delgado © 2013
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Teresa Delgado en " LA VOZ HISPANA DE NEW YORK"
Entrevista realizada por la columnista Zenn Ramos en la Pag.23 de la sección: Oteando sobre Arte,cultura y poesía del periodico "La voz hispana de New York.
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"El árbol y los libros" Teresa Delgado (Pags 36-37)
Ilustración: Gozia Mosz il.
Biblioteca Pública Concentaina
La noche de las letras ( Cuento corto: "¿Jugamos?" pag 38-39 )
Quizá solo quizá, ya los sueños sean más importantes que los proyectos, las casas se puedan comenzar a fabricar por los tejados, los búhos no lo sepan todo y decidan empezar a doblegar sus egos y las hormigas puedan jugar con los osos hormigueros.














